IMAGEN PRINCIPAL

IMAGEN PRINCIPAL
Bienvenida al espacio en el que cometo el exceso de ser yo: familia, escritura y diseño hecho a mano en la vida de una multiapasionada. ¿Compartimos juntas cómo podemos embellecer cada gesto cotidiano?

¿Sos multiapasionada?

En este blog vas a encontrar mis grandes pasiones: mi familia, la escritura y el universo del DIY.

Crónica del desorden.

Crónica del desorden



Cuando tenemos un hijo de tres años es cuando comprendemos por qué los fenómenos de la naturaleza tienen nombres. Es que los meteorólogos también son padres. En un día cualquiera, ordeno y levanto varias veces todo lo que Camilo tira por lo largo y ancho de la casa. Basta su paso por una habitación para que la escala de Ritcher trepe a 9.5. O explote!

Desde hace ya algún tiempo me obsesiona menos el orden. Vivo con un niño. Los niños desordenan (es uno de los silogismos que deberían enseñar en clase de filosofía) y aunque me esfuerzo porque mi propio huracán comprenda el valor de tener sus juguetes ordenados, es posible que hasta los seis años mis palabras no tengan demasiado significado para él.

Si le sugiero que ordene su dormitorio para disfrutarlo más, me responde que si está todo guardado no ve con qué puede jugar y así no puede "disfrutarlo". Y me lo dice con la seriedad de un existencialista hablando sobre la nada y haciendo el gesto de comillas con las manos.

Entonces pienso que a los adultos nos pasa eso con tantas cosas... Cuando me responde con mi propia lógica tengo que ponerme creativa para contestarle sin escucharme ridícula. Pero con suerte me limito a apelar a sus emociones: "Es que mamá se siente tan orgullosa cuando ordenás tu cuarto". Golpe bajo materno, efectivo si se dosifica con sabiduría.

A veces, tengo suerte. La mayoría de las veces el cuarto de Camilo es el escenario de una catástrofe.



Desorden y juego.




Lo cierto es que espero que el "complejo de Chele" (un señor que tiraba zapatos en sus comerciales) como le llama mi amiga Claudia a esta conducta de destrucción expansiva, sea más propio de la edad que un signo de identidad.

Insisto porque creo que un niño tiene que comprender el valor del orden en la convivencia, pero también entiendo que desordenar es una de sus formas de expresión en el juego. Los ambientes en los que "no se toca" porque "todo se ensucia" no son para una familia. Una casa es para llenarla de vida y si el niño tiene la suerte de contar con una habitación propia, podemos permitirle ciertas libertades en ella, limitando la apariencia de "casa tomada".

Supongo que es muy distinto cuando en un mismo espacio conviven dos hermanos o más. Allí las estrategias serán otras. ¿Cómo solucionan el tema del orden las mamás con varios hijos? Tienen toda mi admiración señoras. Esta madre, ni idea. Con un hijo, una sobrina y dos ahijados tengo para entretenerme un rato.
© Paula Lesina • Theme by Maira G.