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Bienvenida al espacio en el que cometo el exceso de ser yo: familia, escritura y diseño hecho a mano en la vida de una multiapasionada. ¿Compartimos juntas cómo podemos embellecer cada gesto cotidiano?

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En este blog vas a encontrar mis grandes pasiones: mi familia, la escritura y el universo del DIY.

Un cuadro reciclado para una decoración frugal.

Cuadros reciclados


Este post sobre "cuadros reciclados" nace porque hace algunas semanas persevero en el esfuerzo por desintoxicar la casa. En el impulso de la iniciativa cada objeto de nuestro entorno es revisado, considerado estrictamente por su funcionalidad y sentido para una casa de escasos metros en la que conviven tres personas. Sin duda, poner orden no es el trabajo de un par de días de locura sino un proceso de semanas en el cual muchos objetos que estaban guardados "por si..." encontraron mejor destino -u otros dueños- que empolvarse en los rincones. Entre las pocas cosas que conservaron su calidad dudosa por algún tiempo, estaba el protagonista de este relato.



Cuadros reciclados y frugalidad.




Este cuadro es más que un objeto decorativo. Fue el regalo de alguien querido cuando compré mi casa. Sobrevivió a una mudanza y me acompañó durante el año que viví en la casa de mi infancia. Sin embargo, el frío y la humedad del patio interior al cual lo había destinado lo estropearon de forma considerable. Si resistió el escrutinio de la frugalidad fue por su valor emocional y porque consideré que embarcarme en un proyecto de cuadros reciclados ​era viable para esas ansiedades desmesuradas que me compelen a proyectos DIY rápidos y de pocos materiales.

Así que durante algunos días mantuvo su tranquila existencia en un rincón, hasta que una lata de pintura mate se hizo dueña y señora de la casa blanqueando todo a su paso. Por la brocha pasaron todas las puertas, una mesa ratona y cuando ya estaba casi vacía de pintura e intenciones, lo recordé.

Todavía quedaba suficiente pintura para transformarlo. Sin embargo, por un minuto me paralizó ese respeto sagrado que le tengo a los objetos en su estado original por mucho que me gusten los cuadros reciclados. Como comprenderás, lo superé. Cuando el incauto se creía libre del "lavado de cara", sucumbió a la iniciativa de reciclado impuesta por esta madre y su hijo empeñado en blanquear el universo. O darle nuevas utilidades a objetos descartados por el tiempo.


Cuadros reciclados


Cuando comencé a blanquearlo tenía claro lo que quería hacer: un proyecto de reciclado para decorar frugalmente y compartir con Camilo el espíritu de cuidado ambiental que roguemos conserve por mucho tiempo más. Tenía que ser un diseño sencillo, realizable con la motricidad fina de un niño de cinco años y de una zurda que está -año más, año menos- al mismo nivel.

Además, debíamos adaptarnos a los colores de acrílico a disposición: blanco, negro, rojo y rosa. Claro que si me dejaban a mí, la transformación habría sido más neutra y ahora tendría un cuadro reciclado en blanco, negro y gris. Pero tengo un hijo que es una explosión de color y me anima a re-considerar. Si él es feliz con los tonos vibrantes y los brillos, puedo manejarlo.



Cuadros reciclados


Elegí el más simple de los diseños, las rayas. Teniendo en cuenta dos pequeños detalles: que no tenía a mano cinta de enmascarar y que no se puede dilatar eternamente la paciencia de un niño que practica hermosamente el auto-control que le enseñan en Taekwon-do (¡gracias a todas las artes marciales!) pero en definitiva, tiene cinco años. Así que, a pintar...


Cuadros reciclados


Y a seguir pintando. Primero los colores más suaves, luego los más intensos y finalmente, las luces con el pincel blanco.


Cuadros reciclados



Cuadros reciclados y madres controladoras.



Fue divertido pero no exento de tropiezos. La actividad que pretendía ser lúdica puso en evidencia lo controladora que puedo ser. En medio de un entusiasmado arrebato de libre expresión de Camilo, cuando las rayas habían tomado forma de alegres manchones, grité impulsivamente: ¡Así no! Lo sé. Un horror. Si hubieran visto los ojos de espanto de Camilo, peor. No pude evitarlo. Me disculpé con el niño más afligido del mundo que tardó tres horas y una receta de galletitas en perdonarme.



Cuadros reciclados


Estos son los momentos en los que tengo plena conciencia del peso de la educación recibida. Sin ánimo de justificarme, simplemente como anécdota, recuerdo que me rompían los deberes cuando no me quedaban "prolijos". Me pasé una vida argumentando contra las frustrantes consecuencias del perfeccionismo extremo...pero sigo siendo una perfeccionista. En el peor sentido de la palabra.

Quizás, quiero consolarme pensando que la diferencia está en mi capacidad de recapacitar y pedir perdón. Sin embargo, sigue siendo un impulso. No puedo controlarlo.


El cuadro, finalmente, reciclado.



Cuadros reciclados


Después del error y su enmienda, el cuadro reciclado estuvo terminado para ser protagonista de su propia historia en toda su gloriosa imperfección. Distinto de lo que me había imaginado pero tan aleccionador que ni yo misma sospechaba lo que iba a entender mientras pensaba en reciclarlo.
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