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Bienvenida al espacio en el que cometo el exceso de ser yo: familia, escritura y diseño hecho a mano en la vida de una multiapasionada. ¿Compartimos juntas cómo podemos embellecer cada gesto cotidiano?

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En este blog vas a encontrar mis grandes pasiones: mi familia, la escritura y el universo del DIY.

Mamá concilia: si la culpa se midiera...

Mamá concilia


Mientras redactaba un texto uno de mis post, surgió este enunciado espontáneamente:  "Mamá concilia, mi hijo es mi prioridad no mi pasión." Durante mucho tiempo, además, la maternidad fue el tema principal de mi blog. Es probable que no conozcas esta faceta de mi historia bloguera. Te cuento brevemente. Durante tres años sostuve activo un blog sobre maternidad que tenía el tenor de un diario de experiencias y reflexiones sin ninguna otra pretensión. El crecimiento de Camilo y la paulatina recuperación de mis propios espacios, supuso que otros intereses se equilibraran con mi rol de madre y yo recuperara el entusiasmo por actividades que son pasiones personales. No es fácil, por ejemplo, concentrarse en la lectura de una novela con un hijo intenso de dos años. Sin embargo, con un niño de cinco años que dedica un buen rato al juego de pelota con su padre, leer y escribir son actividades posibles.

​Afortunadamente, hoy no siento que tengo que estar en el arco atajando penales o haciendo de porrista mientras los hombres de la familia se divierten con el deporte nacional. En ese sentido, el crecimiento de mi hijo se acompasa con un ritmo de crecimiento propio, en el cual no me siento miserable cuando pienso que "mamá concilia familia y trabajo". En ese espacio, ser madre no es una misión exclusiva y abnegada. Nunca fui una madre abnegada.  Lo pronuncio sin orgullo ni culpa, aunque me la produjo por mucho tiempo, esa es la verdad.

Mamá concilia: Imperio de la madre abnegada.


Sé de lo que hablo porque crecí en un hogar con una madre abnegada. Una mujer que tenía depositada su realización personal en el hecho mismo de ser madre. Para mi madre, nunca existió este dilema de mamá concilia. ¿Querés que te diga la verdad? Como hija, la abnegación materna puede transformarse en una carga. No me malinterpretes; es genial tener cada momento de tu rutina supervisado y suavizado por la mano de una madre. No solo crea un entorno cómodo para un niño sino que consolida su seguridad respecto a los vínculos familiares primarios. Sin embargo, cuando una madre hace de la vida de sus hijos su pasión, madurar es un proceso complejo. Y la autonomía una conquista más compleja aún. En definitiva, la experiencia me dice que la abnegación de una madre te ata a la infancia por más tiempo del que sería deseable. Por otra parte, cuando toda tu energía creativa se deposita en la crianza de los hijos, supongo que debe ser doloroso ver cómo "tus pasiones" crecen y hacen su propio camino. ​Por ese motivo, afirmo que mi hijo no es mi pasión, aunque seguramente es mi prioridad.


Si la culpa se midiera... Mamá concilia menos de lo que cree.



Si la culpa fuera mensurable yo tendría alguna especie de récord universal, imbatible y difícil de igualar. Durante los primeros dos años de vida de Camilo, experimenté una tensión interna que no me permitía disfrutar plenamente ni de la maternidad ni de mis aficiones. Cuando estaba en casa, aún en los momentos compartidos, pensaba en mis deudas personales -seguir estudiando y trabajando al ritmo que lo hacía antes- y cuando estaba en el trabajo lo único que quería era estar en casa con mi bebé.

Como decía mi abuela "ni chicha ni limonada" . La sensación era de fracaso. Para mí, que no se hacer nada a medias, estaba fallando en cada uno de mis roles: como madre mucho que desear. Como profesional, ni te cuento.

​Realmente esa tensión me provocaba mucha impotencia, porque aunque amo a mi hijo con locura, nunca pude centrarme exclusivamente en él sin sentir que estaba relegando mi propio crecimiento (no necesariamente laboral). Sin embargo, tomé la decisión de privilegiar mi rol de madre sin dudarlo. Por que claro, una es desmesurada y la búsqueda de los equilibrios le lleva mucho tiempo.

​Si me vas a decir que es posible conciliar una vida laboral enriquecedora y estimulante con el cumplimiento de los deberes maternos, yo te escucho con respeto y admiración. Sincera admiración. A mí me llevó más de cinco años y una profunda revisión de expectativas decir mamá concilia medianamente su vida familiar con los intereses que la movilizan. Tampoco voy a mentirte. No esperes que cuando tu bebé llegue a la edad escolar, mágicamente las piezas retomen su posición y armonía. Especialmente, porque con cinco años tu bebé se expresa y reclama. ¿Te imaginás qué sucede cuando está habituado a la atención prioritaria de su madre? Eso mismo.


Sí, mamá concilia: ellos crecen, nosotras también deberíamos.



La perspectiva del tiempo me permite observar mi vínculo con Camilo  desde otro lugar.  Todavía me siento incómoda cuando tengo que "salir" por muchas horas (este verano llegaron a ser dos días) pero manejo con mayor naturalidad mis espacios de soledad. Ya no tengo tantos reparos en dejarlo con la abuela para ir al teatro (aunque me lo pierde de consentido, pero ése. es otro tema) o en pedirle que juegue solo mientras termino de escribir un post.cPor que sí, mamá concilia y es blogger.

​En general, lo involucro en los proyectos personales acordes a sus posibilidades de participación o le cuento por qué me gusta tanto escribir y leer, pintar u organizar fiestas. Tengo la fortuna de disponer de mucho tiempo para compartir con él pero no por eso, soy un modelo de abnegación. Y de hecho, mi experiencia es que estar presente en el mismo espacio físico no siempre significa compartir mejor calidad de tiempo con mi hijo.

​Me reservo el derecho a considerar con egoísmo algunas horas de mi tiempo. Supongo que esta es otra faceta de la conciliación a la que me sumo desde mi lugar desmesurado porque si Camilo no existiera, yo tampoco.
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