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    Paula Lesina

    Vivir más simple. Vivir con propósito. Vivir mejor

    La magia del orden: desintoxicar la casa.


    La magia del orden


    Durante las últimas semanas, mi proyecto personal fue desintoxicar la casa de objetos innecesarios, en desuso o poco funcionales. Te comento como al pasar, por si el título te confunde: cuando hablo de la magia del orden, no me refiero -precisamente- al famoso libro de Marie Kondo.

    Aunque desde hace unos años esta expresión parece reservarse exclusivamente a ella, mi fiebre depurativa no comienza con la lectura de ningún libro. De hecho, si algo me caracteriza desde que tengo memoria es el afán de "desaparecer" objetos que dejaron de tener un espacio en mi vida. El desorden me desconcentra tanto como la acumulación.

    No vayamos a decir que este acto de desaparición de entidades acumuladas es una operación sencilla. Lleva tiempo, constancia y disciplina. Más que magia es un entrenamiento olímpico. Especialmente cuando nos enfrentamos a alguno de esos objetos poco funcionales pero tan lindos que retenemos "por que sí". O porque tienen valor emocional. ¿A quién le resulta fácil desprenderse de lo que quiere?

    ​Si te sobran metros, bienvenido sea todo bártulo poco práctico pero estéticamente adorable. O amado con el alma. Sin embargo, cuando se dispone de apenas setenta y pocos metros de superficie habitable, acumular no es una opción. Especialmente si en ese espacio tienen que convivir:


    1- Tres personas: dos de las cuales alcanzan grado 100 en la escala de desorden.
    2- Mucha vajilla (estamos hablando de piezas de todo tipo para servir a treinta personas)
    3-  Variedad de contenedores frágiles (de los que uso para ambientar eventos)
    4- Materiales varios (telas, papeles, hilos, cintas, troqueladoras, cortantes, tijeras) todos ellos muy físicos e imposibles de digitalizar.


    Si te estás preguntando cómo es posible lograr la convivencia de tanto, estás en el mismo lugar que estaba yo al comienzo de este proceso.

    Afortunadamente, los agobios me duran apenas un par de días. Los mismos que puedo tardar en encontrar soluciones que no terminen en divorcio. O en conseguir el financiamiento para las soluciones que me inspiren. Porque, por muy poco creativa que sea las idea, la mayoría requiere algún tipo de inversión, ¿para qué negarlo?


    La magia del orden desmesurada.



    Mi casa es un PH de tres habitaciones con un patio muy reducido en metros. Nada espectacular, nada digno de una nota en Living y mucho menos en El Mueble, revista en la cual doscientos metros de casa se consideran espacio reducido.

    Creo que calificamos para "Casa Chaucha" -que dicho sea de paso: me encanta- pero todavía no tenemos tanto carácter para la decoración. Mi casa y yo somos neutras. Con esa neutralidad que, ocasionalmente, puede confundirse con ausencia de identidad.

    No es que sienta rechazo por el barroquismo chauchezco. ¡Para nada! Disfruto de ver casas coloridas, llenas de muebles y objetos personales pero, no puedo evitarlo: el maximalismo me despierta el fervor Kondo. Siempre estoy pensando qué puedo regalar o donar y en general, cuando entra algo nuevo en mi hogar, alguna otra cosa se despide para siempre.

    Con el color me pasa algo similar. Aunque me gustan los colores en las imágenes de las revistas, en mi casa me abrumarían rápidamente. En ese sentido, mi neutralidad es tanto una tendencia decorativa como una forma de mantener en calma este espíritu desmesurado que tengo.



     ​Comienza la magia del orden.



    ​En el dulce hogar, comenzaron las operaciones de re-organización y cambio con una fuerza pocas veces vista. El primero en vivir los efectos detox, fue mi ropero. Dicen por allí que es el primer paso para poner en orden la vida. De alguna forma, eliminar prendas en desuso ayuda a enfocar el proceso de organización en otras áreas más problemáticas. Doy fe.


    ¿Qué hice en mi ropero? Te cuento: fuera toda la ropa que no uso o que conservo para quién sabe qué ocasión. 


    Luego, mi dormitorio fue purgado de todo elemento que no tuviera una utilidad específica. Cada objeto fue clasificado para llegar a manos de quienes le darían buen uso. O terminó en una de esas grandes bolsas de basura que hacen sufrir a mi glándula ecológica. Finalmente, la televisión dejó de ser un mueble más en la habitación y estoy feliz con ese cambio.

    ​Estamos en plena evolución y con una novedad: no-marido opina y participa. Esta es una novedad gratificante pero molesta. Lo sé: a las mujeres no nos viene nada bien. En mi defensa, no-marido puede ser verdaderamente molesto.

    Primero, porque su criterio funcional de los espacios rara vez coincide con mi visión estética del asunto. Y eso, que en los últimos años mi umbral de resistencia a lo que no me gusta se amplió considerablemente. Quizás porque ser madre tiene esa cualidad asombrosa de matizar todos tus toc.


    La otra razón por la que las opiniones de no-marido son molestas es porque es "apegado a lo existente" y prefiere no cambiar, ni mover, ni donar muebles, ni grandes ni chicos. 


    Por suerte coincidimos en algo: ambos tendemos a vivir despojadamente. Si me identificara con etiquetas, podría decirse que somos minimalistas.  Además, sobrellevamos con estoicismo los caprichos del otro: yo tengo una casa de fiestas inserta en el hogar y él me puso un gimnasio en el patio.​

    No te confundas. Lo del gimnasio en el patio no es una exageración percibida desde la hormonalidad de mi ser. Tengo en el patio un parrillero, un banco de pesas, una barra de altura y objetos de musculación que ni siquiera sé definir con palabras. Cualquiera diría que es profesor de gimnasia no de Literatura.

    ​Aprecio el cuidado de la salud. Pero, en honor a la verdad, durante mucho tiempo fantaseé con pagarle a alguien para que hiciera desaparecer misteriosamente el banco de pesas. Finalmente, terminé aceptándolo como parte de la realidad de mi hogar. Especialmente desde que crecieron las plantas y lo ocultan.

    El día que llegó la barra, la miré con desánimo pero sin decir una palabra. ¿A quién quiero engañar? ¡Dije unas cuantas palabras! Aunque ninguna altamente ofensiva. Y aún busco estrategias para ocultarla. En cualquier momento la lleno de plantas y que se cuelgue de donde pueda.


    Cuando se desata la magia del orden. 



    Mi dormitorio fue solo el primer paso. El coraje de la tarea cumplida, me llevó a enfrentar el espacio más lleno de objetos de la casa: el dormitorio de Camilo.

    En este proceso participó activamente el niño en cuestión. Por un momento estuve tentada de realizar una operación al estilo misión imposible, de alta estrategia y ultra secreta. Lo cual se traduce en: esperar que vaya a la escuela para hacer una limpieza brutal de juguetes y libros. Pero me ganó la madre comprensiva del siglo XXI y decidí hacerlo partícipe de la elección. 

    Debo reconocer que fue una buena decisión. Primero discutimos qué íbamos a hacer con los juguetes y la decisión de Camilo fue seleccionarlos en dos pilas:


    1- Juguetes rotos para tirar o arreglar.
    2- Juguetes y libros para Paulina y Lolo (cosas de bebé, como diría Camilo)



    Redujimos el caos de forma sustancial en poco tiempo. Ahora todo luce ordenado y Camilo tiene más espacio que nunca en su dormitorio. Aunque no me ilusiono demasiado: toda forma de orden en el dormitorio de Camilo es efímera. Realmente este niño ama el desorden y cada una de sus cosas. Por eso, respeté varios principios de La magia del orden:


    -Conservar solo lo que te hace feliz.
    - Ordenar por categorías.
    -Hacerlo todo de una sola vez.


    Por supuesto que no me obsesioné con el doblado de las prendas de ropa, ni nada de eso. Sería una de esas tareas de nunca terminar, que se renuevan con la alarma del despertador. Cada día doblar decenas de camisetas de fútbol, y pares de medias. Pares, con suerte. La mayoría son huérfanas por motivos inexplicables. No creo estar en ese punto todavía. Sin embargo la cantidad de espacio libre que ganamos en los dormitorios valió la pena.


    Si querés saber más de la magia del orden te sigo contando.



    Finalmente, llegamos a la cocina, el living y el escritorio. Si te pica la curiosidad de saber cómo estaban antes, vas a tener que esperar. Es una historia que quedará para otro día.  Mientras tanto, si estás inspirada para vivir una vida más frugal, podés seguir con el post en el que te cuento cómo vivir con menos.

    Por hoy, fue suficiente anecdotario y ya quiero que me cuentes en los comentarios cuáles son tus trucos para poner orden en la casa.

    La magia del orden


    Durante las últimas semanas, mi proyecto personal fue desintoxicar la casa de objetos innecesarios, en desuso o poco funcionales. Te comento como al pasar, por si el título te confunde: cuando hablo de la magia del orden, no me refiero -precisamente- al famoso libro de Marie Kondo.

    Aunque desde hace unos años esta expresión parece reservarse exclusivamente a ella, mi fiebre depurativa no comienza con la lectura de ningún libro. De hecho, si algo me caracteriza desde que tengo memoria es el afán de "desaparecer" objetos que dejaron de tener un espacio en mi vida. El desorden me desconcentra tanto como la acumulación.

    No vayamos a decir que este acto de desaparición de entidades acumuladas es una operación sencilla. Lleva tiempo, constancia y disciplina. Más que magia es un entrenamiento olímpico. Especialmente cuando nos enfrentamos a alguno de esos objetos poco funcionales pero tan lindos que retenemos "por que sí". O porque tienen valor emocional. ¿A quién le resulta fácil desprenderse de lo que quiere?

    ​Si te sobran metros, bienvenido sea todo bártulo poco práctico pero estéticamente adorable. O amado con el alma. Sin embargo, cuando se dispone de apenas setenta y pocos metros de superficie habitable, acumular no es una opción. Especialmente si en ese espacio tienen que convivir:


    1- Tres personas: dos de las cuales alcanzan grado 100 en la escala de desorden.
    2- Mucha vajilla (estamos hablando de piezas de todo tipo para servir a treinta personas)
    3-  Variedad de contenedores frágiles (de los que uso para ambientar eventos)
    4- Materiales varios (telas, papeles, hilos, cintas, troqueladoras, cortantes, tijeras) todos ellos muy físicos e imposibles de digitalizar.


    Si te estás preguntando cómo es posible lograr la convivencia de tanto, estás en el mismo lugar que estaba yo al comienzo de este proceso.

    Afortunadamente, los agobios me duran apenas un par de días. Los mismos que puedo tardar en encontrar soluciones que no terminen en divorcio. O en conseguir el financiamiento para las soluciones que me inspiren. Porque, por muy poco creativa que sea las idea, la mayoría requiere algún tipo de inversión, ¿para qué negarlo?


    La magia del orden desmesurada.



    Mi casa es un PH de tres habitaciones con un patio muy reducido en metros. Nada espectacular, nada digno de una nota en Living y mucho menos en El Mueble, revista en la cual doscientos metros de casa se consideran espacio reducido.

    Creo que calificamos para "Casa Chaucha" -que dicho sea de paso: me encanta- pero todavía no tenemos tanto carácter para la decoración. Mi casa y yo somos neutras. Con esa neutralidad que, ocasionalmente, puede confundirse con ausencia de identidad.

    No es que sienta rechazo por el barroquismo chauchezco. ¡Para nada! Disfruto de ver casas coloridas, llenas de muebles y objetos personales pero, no puedo evitarlo: el maximalismo me despierta el fervor Kondo. Siempre estoy pensando qué puedo regalar o donar y en general, cuando entra algo nuevo en mi hogar, alguna otra cosa se despide para siempre.

    Con el color me pasa algo similar. Aunque me gustan los colores en las imágenes de las revistas, en mi casa me abrumarían rápidamente. En ese sentido, mi neutralidad es tanto una tendencia decorativa como una forma de mantener en calma este espíritu desmesurado que tengo.



     ​Comienza la magia del orden.



    ​En el dulce hogar, comenzaron las operaciones de re-organización y cambio con una fuerza pocas veces vista. El primero en vivir los efectos detox, fue mi ropero. Dicen por allí que es el primer paso para poner en orden la vida. De alguna forma, eliminar prendas en desuso ayuda a enfocar el proceso de organización en otras áreas más problemáticas. Doy fe.


    ¿Qué hice en mi ropero? Te cuento: fuera toda la ropa que no uso o que conservo para quién sabe qué ocasión. 


    Luego, mi dormitorio fue purgado de todo elemento que no tuviera una utilidad específica. Cada objeto fue clasificado para llegar a manos de quienes le darían buen uso. O terminó en una de esas grandes bolsas de basura que hacen sufrir a mi glándula ecológica. Finalmente, la televisión dejó de ser un mueble más en la habitación y estoy feliz con ese cambio.

    ​Estamos en plena evolución y con una novedad: no-marido opina y participa. Esta es una novedad gratificante pero molesta. Lo sé: a las mujeres no nos viene nada bien. En mi defensa, no-marido puede ser verdaderamente molesto.

    Primero, porque su criterio funcional de los espacios rara vez coincide con mi visión estética del asunto. Y eso, que en los últimos años mi umbral de resistencia a lo que no me gusta se amplió considerablemente. Quizás porque ser madre tiene esa cualidad asombrosa de matizar todos tus toc.


    La otra razón por la que las opiniones de no-marido son molestas es porque es "apegado a lo existente" y prefiere no cambiar, ni mover, ni donar muebles, ni grandes ni chicos. 


    Por suerte coincidimos en algo: ambos tendemos a vivir despojadamente. Si me identificara con etiquetas, podría decirse que somos minimalistas.  Además, sobrellevamos con estoicismo los caprichos del otro: yo tengo una casa de fiestas inserta en el hogar y él me puso un gimnasio en el patio.​

    No te confundas. Lo del gimnasio en el patio no es una exageración percibida desde la hormonalidad de mi ser. Tengo en el patio un parrillero, un banco de pesas, una barra de altura y objetos de musculación que ni siquiera sé definir con palabras. Cualquiera diría que es profesor de gimnasia no de Literatura.

    ​Aprecio el cuidado de la salud. Pero, en honor a la verdad, durante mucho tiempo fantaseé con pagarle a alguien para que hiciera desaparecer misteriosamente el banco de pesas. Finalmente, terminé aceptándolo como parte de la realidad de mi hogar. Especialmente desde que crecieron las plantas y lo ocultan.

    El día que llegó la barra, la miré con desánimo pero sin decir una palabra. ¿A quién quiero engañar? ¡Dije unas cuantas palabras! Aunque ninguna altamente ofensiva. Y aún busco estrategias para ocultarla. En cualquier momento la lleno de plantas y que se cuelgue de donde pueda.


    Cuando se desata la magia del orden. 



    Mi dormitorio fue solo el primer paso. El coraje de la tarea cumplida, me llevó a enfrentar el espacio más lleno de objetos de la casa: el dormitorio de Camilo.

    En este proceso participó activamente el niño en cuestión. Por un momento estuve tentada de realizar una operación al estilo misión imposible, de alta estrategia y ultra secreta. Lo cual se traduce en: esperar que vaya a la escuela para hacer una limpieza brutal de juguetes y libros. Pero me ganó la madre comprensiva del siglo XXI y decidí hacerlo partícipe de la elección. 

    Debo reconocer que fue una buena decisión. Primero discutimos qué íbamos a hacer con los juguetes y la decisión de Camilo fue seleccionarlos en dos pilas:


    1- Juguetes rotos para tirar o arreglar.
    2- Juguetes y libros para Paulina y Lolo (cosas de bebé, como diría Camilo)



    Redujimos el caos de forma sustancial en poco tiempo. Ahora todo luce ordenado y Camilo tiene más espacio que nunca en su dormitorio. Aunque no me ilusiono demasiado: toda forma de orden en el dormitorio de Camilo es efímera. Realmente este niño ama el desorden y cada una de sus cosas. Por eso, respeté varios principios de La magia del orden:


    -Conservar solo lo que te hace feliz.
    - Ordenar por categorías.
    -Hacerlo todo de una sola vez.


    Por supuesto que no me obsesioné con el doblado de las prendas de ropa, ni nada de eso. Sería una de esas tareas de nunca terminar, que se renuevan con la alarma del despertador. Cada día doblar decenas de camisetas de fútbol, y pares de medias. Pares, con suerte. La mayoría son huérfanas por motivos inexplicables. No creo estar en ese punto todavía. Sin embargo la cantidad de espacio libre que ganamos en los dormitorios valió la pena.


    Si querés saber más de la magia del orden te sigo contando.



    Finalmente, llegamos a la cocina, el living y el escritorio. Si te pica la curiosidad de saber cómo estaban antes, vas a tener que esperar. Es una historia que quedará para otro día.  Mientras tanto, si estás inspirada para vivir una vida más frugal, podés seguir con el post en el que te cuento cómo vivir con menos.

    Por hoy, fue suficiente anecdotario y ya quiero que me cuentes en los comentarios cuáles son tus trucos para poner orden en la casa.
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