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    Paula Lesina

    Vivir más simple. Vivir con propósito. Vivir mejor

    5 rutinas de orden de 5 minutos

    5 rutinas de orden en 5 minutos



    Simplificar es una de mis aspiraciones vitales. El deseo de sencillez sin embargo,  no nace de un espíritu zen, capaz del desapego y el encuentro pleno con el vacío. ¡Ya quisiera! Al describirme como "intensa", estoy siendo amable conmigo misma. Digamos que tengo una vida psíquica desmesurada. Lidiar con el caos del mundo no me asusta. Lidiar con mi cabeza -rara vez silenciosa- es todo un desafío cotidiano.

    Quizás por este motivo compenso la intensidad interior con una búsqueda infatigable de simplificar lo que me rodea. Sea cual sea la idea que me presente la vida, tiendo naturalmente a desmenuzarla de tal forma que pueda entender su mínima expresión.

    Tiene sentido entonces que me comprometa la idealización de una vida simple e intencional. Más allá de mi resistencia a la limitación que imponen las etiquetas, algunos adjetivos se ajustan sin duda a mi filosofía existencial. Minimalista es uno de ellos.

    Muy moderada por una convivencia de veinte años, hoy puedo resistir la tentación de despojarme de lo propio y despojar de lo ajeno (sí: he tirado alguna que otra cosa de no-marido en estos años) Sin embargo, la tentación siempre está presente.


    Episodio aparte merece la maternidad. Porque simplificar y minimizar el universo de los niños y todos los objetos que conlleva, puede ser una perpetua carrera de obstáculos. 


    ¿Sabés que es lo curioso respecto a la simplicidad? No importa cuánto o cuán seguido dediques tu tiempo a sacar de tu vida objetos innecesarios. Periódicamente se renuevan. Y siempre es posible encontrar algo de lo que podrías prescindir. No es necesario realizar un esfuerzo titánico para encontrar en tu casa objetos que no funcionan - y no se puede o conviene reparar- o simplemente, ya no tienen uso.

    En este sentido, una rutina cotidiana de orden y desapego resulta de mucha ayuda. No tiene por qué tomar más de cinco minutos, que bien aprovechados reducen significativamente la proliferación de las cosas. No sé si hay una película futurista de alarma sobre el ser humano aniquilado por un aluvión de objetos innecesarios. Pero si no la hay, debería.



    5 rutinas de orden y desapego de 5 minutos.



    Dada la personalidad de los dos hombres de la familia, tengo frente a mí, dos opciones: pasarme el día rezongando para mantener una casa habitable o asumir que los seres humanos tenemos márgenes de cambio poco flexibles y no funcionan precisamente a los gritos. 

    Elijo esto último. ¿Por qué? Porque luego de aceptar como parte de la realidad que tu no-marido es virtualmente incapaz de prepararse un desayuno sin tributar a Guernica, la rutina diaria es más simple de sobrellevar. Lo sé. Suena conformista. Pero luego de dos décadas de relación, descarté la tercera opción: cambiar de no-marido. Al menos por el momento. El desgaste sería mayor y yo busco simplificar mi vida.

    Seamos honestas, tampoco vas a entregar a tu hijo al mejor postor. Especialmente, porque cuando son mayores de siete años ya no es tan fácil colocarlos. Dejaron de ser "tan adorables" y ya tienen manías que seguramente van a conservar buena parte de su vida adulta.


    Anulada la posibilidad de divorcio y el pedido de asilo en una embajada extranjera, mi sugerencia es que pienses en el ejercicio del orden como una oportunidad de conectarte con tu diosa interna... 


    Bueno. Digamos que el delirio místico es demasiado intenso aún para este espíritu que escribe. Pero lo cierto es que te sugiero que practiques rutinas breves de orden que te ayuden a mantener la cordura y eviten una sentencia de cárcel. Aunque tiente, ahorcar un marido con el cable de la tostadora nunca será una cosa bien vista por las autoridades competentes.



    5 rutinas de orden en 5 minutos



    Orden en 5 minutos.



    Por si estás escasa de imaginaciones por el agotamiento, te paso algunas ideas que no toman más que 5 minutos y colaboran en el mantenimiento del orden y la paz familiar. Al menos en mi casa.



    • Enfocarte en despojar los mostradores de la cocina luego de desayunar. Banal pero efectivo. Por alguna razón que no termino de comprender, los objetos no vuelven solos al lugar del cual los sacamos. Ergo, hay que conducirlos con amor a su espacio de origen. Ya sea vajilla o alimentos, no toma más que cinco minutos devolverlos a su lugar. Eso, siempre y cuando tengamos un lugar para cada cosa, algo que desde ya te recomiendo como un principio vital.

    • Vaciar las superficies de apoyo de papeles y objetos. Otro de los secretos del universo, allí donde haya una superficie de apoyo, habrá objetos apoyados. Nos resistimos a conservar vacío el vacío. Entonces, o eliminamos superficies de apoyo (algo que ya hice en la medida de lo posible) o conseguimos cajas y cajones para que el estante o la mesita no luzcan las llaves, los lentes, el celular y las facturas de los servicios como si fueran objetos de arte.

    • Crear tu propio Purgatorio. Yo sé que suena extraño, sin embargo es altamente eficaz para mantener el orden. El asunto es el siguiente, te cuento. En un recorrido de cinco minutos por tu casa es posible encontrar objetos fuera de lugar, alguno roto y tantos otros que persisten en la existencia sin tener fin alguno. Estos últimos, van a ir al Purgatorio. O lo que es lo mismo: una caja a la que va a ir a parar todo lo que no tiene lugar -todavía. Al final del día o de la semana, ya dedicarás un tiempo a dictar sentencia en tu propio Purgatorio y verás qué se queda y encuentra su lugar y qué tiene pasaje directo al Inframundo. O el basurero que suena menos dramático.

    • Eliminar los envases vacíos. ¿Por qué razón estás acumulando envases vacíos de shampoo en la ducha? ¿Cuánto tiempo lleva esa salsa ketchup vacía en tu heladera? ¿De verdad es necesario conservar la botella de un perfume terminado? En un hogar promedio se acumulan envases vacíos irracionalmente. Ya que estamos me pronuncio y te invito a que realices el intento de consumir cada vez menos productos embotellados o envasados. Pero, si aún no estamos en ese momento: ¡hacé algo con los que te habitan la casa! Reciclar, reusar o tirar. Punto. El shampoo no se multiplica como el pan y los peces. Por más que conserves el envase, va a seguir estando vacío. Salvo intervención divina. Y ¡qué querés que te diga! Mi casa no está intervenida de esa forma.

    • Archivar inmediatamente lo que es necesario. Ya sea documentos físicos o virtuales -por que se puede tener un menudo desorden virtual- acatemos el hábito de archivar en una carpeta creada para ese fin los documentos que van a tener utilidad en el corto o mediano plazo. Por supuesto, esta sugerencia tiene una contracara: no conserves ningún documento o papel que no tenga una finalidad específica en el corto o mediano plazo. Los recibos de luz de hace tres años no tienen sentido en la era digital. Tampoco los manuales del Nokia 1100. ¿Nos estamos entendiendo?


    La proliferación de las cosas.




    Espero que las anteriores 5 rutinas de orden en 5 minutos provoquen, por lo menos, una reflexión respecto a  la actitud que asumimos frente al desorden. Si sos de ese tipo de persona que lo aceptan sin conflicto o de las que pueden abstraerse del entorno sin efectos secundarios, mi total admiración te pertenece.

    Para quienes tenemos serias dificultades para enfocarnos en cualquier aspecto de la vida -incluso leer- cuando la casa está desordenada, comparto las anteriores rutinas. ¿Por qué? ¡Porque son las que uso para mantener la cordura!

    Si tenés una sugerencia de esas que funcionan en la vida cotidiana sin invertir una fortuna o exponerte a una condena de cárcel, me encantaría leerla en los comentarios. Soy toda oídos.
    5 rutinas de orden en 5 minutos



    Simplificar es una de mis aspiraciones vitales. El deseo de sencillez sin embargo,  no nace de un espíritu zen, capaz del desapego y el encuentro pleno con el vacío. ¡Ya quisiera! Al describirme como "intensa", estoy siendo amable conmigo misma. Digamos que tengo una vida psíquica desmesurada. Lidiar con el caos del mundo no me asusta. Lidiar con mi cabeza -rara vez silenciosa- es todo un desafío cotidiano.

    Quizás por este motivo compenso la intensidad interior con una búsqueda infatigable de simplificar lo que me rodea. Sea cual sea la idea que me presente la vida, tiendo naturalmente a desmenuzarla de tal forma que pueda entender su mínima expresión.

    Tiene sentido entonces que me comprometa la idealización de una vida simple e intencional. Más allá de mi resistencia a la limitación que imponen las etiquetas, algunos adjetivos se ajustan sin duda a mi filosofía existencial. Minimalista es uno de ellos.

    Muy moderada por una convivencia de veinte años, hoy puedo resistir la tentación de despojarme de lo propio y despojar de lo ajeno (sí: he tirado alguna que otra cosa de no-marido en estos años) Sin embargo, la tentación siempre está presente.


    Episodio aparte merece la maternidad. Porque simplificar y minimizar el universo de los niños y todos los objetos que conlleva, puede ser una perpetua carrera de obstáculos. 


    ¿Sabés que es lo curioso respecto a la simplicidad? No importa cuánto o cuán seguido dediques tu tiempo a sacar de tu vida objetos innecesarios. Periódicamente se renuevan. Y siempre es posible encontrar algo de lo que podrías prescindir. No es necesario realizar un esfuerzo titánico para encontrar en tu casa objetos que no funcionan - y no se puede o conviene reparar- o simplemente, ya no tienen uso.

    En este sentido, una rutina cotidiana de orden y desapego resulta de mucha ayuda. No tiene por qué tomar más de cinco minutos, que bien aprovechados reducen significativamente la proliferación de las cosas. No sé si hay una película futurista de alarma sobre el ser humano aniquilado por un aluvión de objetos innecesarios. Pero si no la hay, debería.



    5 rutinas de orden y desapego de 5 minutos.



    Dada la personalidad de los dos hombres de la familia, tengo frente a mí, dos opciones: pasarme el día rezongando para mantener una casa habitable o asumir que los seres humanos tenemos márgenes de cambio poco flexibles y no funcionan precisamente a los gritos. 

    Elijo esto último. ¿Por qué? Porque luego de aceptar como parte de la realidad que tu no-marido es virtualmente incapaz de prepararse un desayuno sin tributar a Guernica, la rutina diaria es más simple de sobrellevar. Lo sé. Suena conformista. Pero luego de dos décadas de relación, descarté la tercera opción: cambiar de no-marido. Al menos por el momento. El desgaste sería mayor y yo busco simplificar mi vida.

    Seamos honestas, tampoco vas a entregar a tu hijo al mejor postor. Especialmente, porque cuando son mayores de siete años ya no es tan fácil colocarlos. Dejaron de ser "tan adorables" y ya tienen manías que seguramente van a conservar buena parte de su vida adulta.


    Anulada la posibilidad de divorcio y el pedido de asilo en una embajada extranjera, mi sugerencia es que pienses en el ejercicio del orden como una oportunidad de conectarte con tu diosa interna... 


    Bueno. Digamos que el delirio místico es demasiado intenso aún para este espíritu que escribe. Pero lo cierto es que te sugiero que practiques rutinas breves de orden que te ayuden a mantener la cordura y eviten una sentencia de cárcel. Aunque tiente, ahorcar un marido con el cable de la tostadora nunca será una cosa bien vista por las autoridades competentes.



    5 rutinas de orden en 5 minutos



    Orden en 5 minutos.



    Por si estás escasa de imaginaciones por el agotamiento, te paso algunas ideas que no toman más que 5 minutos y colaboran en el mantenimiento del orden y la paz familiar. Al menos en mi casa.



    • Enfocarte en despojar los mostradores de la cocina luego de desayunar. Banal pero efectivo. Por alguna razón que no termino de comprender, los objetos no vuelven solos al lugar del cual los sacamos. Ergo, hay que conducirlos con amor a su espacio de origen. Ya sea vajilla o alimentos, no toma más que cinco minutos devolverlos a su lugar. Eso, siempre y cuando tengamos un lugar para cada cosa, algo que desde ya te recomiendo como un principio vital.

    • Vaciar las superficies de apoyo de papeles y objetos. Otro de los secretos del universo, allí donde haya una superficie de apoyo, habrá objetos apoyados. Nos resistimos a conservar vacío el vacío. Entonces, o eliminamos superficies de apoyo (algo que ya hice en la medida de lo posible) o conseguimos cajas y cajones para que el estante o la mesita no luzcan las llaves, los lentes, el celular y las facturas de los servicios como si fueran objetos de arte.

    • Crear tu propio Purgatorio. Yo sé que suena extraño, sin embargo es altamente eficaz para mantener el orden. El asunto es el siguiente, te cuento. En un recorrido de cinco minutos por tu casa es posible encontrar objetos fuera de lugar, alguno roto y tantos otros que persisten en la existencia sin tener fin alguno. Estos últimos, van a ir al Purgatorio. O lo que es lo mismo: una caja a la que va a ir a parar todo lo que no tiene lugar -todavía. Al final del día o de la semana, ya dedicarás un tiempo a dictar sentencia en tu propio Purgatorio y verás qué se queda y encuentra su lugar y qué tiene pasaje directo al Inframundo. O el basurero que suena menos dramático.

    • Eliminar los envases vacíos. ¿Por qué razón estás acumulando envases vacíos de shampoo en la ducha? ¿Cuánto tiempo lleva esa salsa ketchup vacía en tu heladera? ¿De verdad es necesario conservar la botella de un perfume terminado? En un hogar promedio se acumulan envases vacíos irracionalmente. Ya que estamos me pronuncio y te invito a que realices el intento de consumir cada vez menos productos embotellados o envasados. Pero, si aún no estamos en ese momento: ¡hacé algo con los que te habitan la casa! Reciclar, reusar o tirar. Punto. El shampoo no se multiplica como el pan y los peces. Por más que conserves el envase, va a seguir estando vacío. Salvo intervención divina. Y ¡qué querés que te diga! Mi casa no está intervenida de esa forma.

    • Archivar inmediatamente lo que es necesario. Ya sea documentos físicos o virtuales -por que se puede tener un menudo desorden virtual- acatemos el hábito de archivar en una carpeta creada para ese fin los documentos que van a tener utilidad en el corto o mediano plazo. Por supuesto, esta sugerencia tiene una contracara: no conserves ningún documento o papel que no tenga una finalidad específica en el corto o mediano plazo. Los recibos de luz de hace tres años no tienen sentido en la era digital. Tampoco los manuales del Nokia 1100. ¿Nos estamos entendiendo?


    La proliferación de las cosas.




    Espero que las anteriores 5 rutinas de orden en 5 minutos provoquen, por lo menos, una reflexión respecto a  la actitud que asumimos frente al desorden. Si sos de ese tipo de persona que lo aceptan sin conflicto o de las que pueden abstraerse del entorno sin efectos secundarios, mi total admiración te pertenece.

    Para quienes tenemos serias dificultades para enfocarnos en cualquier aspecto de la vida -incluso leer- cuando la casa está desordenada, comparto las anteriores rutinas. ¿Por qué? ¡Porque son las que uso para mantener la cordura!

    Si tenés una sugerencia de esas que funcionan en la vida cotidiana sin invertir una fortuna o exponerte a una condena de cárcel, me encantaría leerla en los comentarios. Soy toda oídos.
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