Paula Lesina, 9 cosas que hago los domingos



Tienen mala prensa. Su proximidad al lunes, transforma los domingos en una despedida agónica de la libertad ganada la mañana del sábado. Hace años ya, que no trabajo fuera de casa los lunes, por lo tanto, no sufro la caída del sol dominguera como un presagio de desagracia. Sin embargo, recuerdo claramente esta sensación de hay que volver al trabajo. Para conjurar esta emoción, te cuento 9 cosas que hago los domingos para comenzar a celebrar la semana que se aproxima.


Por supuesto que nada de lo aquí escrito deberías entenderlo como una prescripción o una condición necesaria para el bienestar. El afán de este artículo es compartir aquello que funciona de acuerdo a mi estilo de vida y a las decisiones que tomamos como familia. Porque, los caprichos personales muchas veces ceden a la fuerza de los vínculos. Nadie mejor que una misma conoce los horizontes y los límites de su propia experiencia.



9 cosas que hago los domingos.



Ninguna de las actividades siguientes requiere que realices un gran esfuerzo para integrarla a tu rutina. Es un plan de puertas adentro: para disfrutar de estar en casa. No es el plan para quienes buscan aturdir sus fines de semana rodeados de ruido. Aunque ocasionalmente los domingos vamos al teatro, no incluí este tipo de actividades en esta lista porque no necesariamente sucede todos los domingos. Veamos cuales sí.



Madrugar para escribir.



Me levanto muy temprano para escribir todos los días. El domingo no es una excepción. Podría dormir muchas horas más si lo deseara porque mi hijo no es del estilo madrugador y no solemos tener compromisos sociales en las mañanas de los domingos. Pero disfruto mi madrugón desmesurado. No solo eso: es uno de mis momentos preferidos de la semana. Mi tiempo psicológico se expande -que me río de la teoría de la relatividad- cuando me preparo mi café y enciendo la computadora para comenzar a escribir.


Ejercicio suave.



Escribir tomando café es un gesto simple en el que encuentro enorme placer y puedo extender por tres horas, hasta el momento en el que salgo a caminar. Porque sí, los domingos, también se hace ejercicio. Quizás no con el mismo ritmo que durante la semana. Pero oxigenar la sangre y mantener en balance el azúcar no es patrimonio de la rutina semanal.

De hecho, aún para aquellas personas que durante la semana no realizan ejercicio, el fin de semana  ofrece la oportunidad de elegir actividades que despeguen los glúteos del sillón y nos inviten a estar al aire libre y moviéndonos. ¡Por favor!



Feria semanal



Los domingos es el momento en el que compramos algunos de los productos que consumimos todas las semanas. Es la ocasión para comprar fruta y verdura, prepararla -hervir, en la mayoría de los casos- y tenerla preparada para los días siguientes.

En general, compro los productos de estación. Prefiero que no estén empaquetados y llevo mi propia bolsa. Lo mismo que hicieron en su momento mi abuela y mi madre. Como el no-marido es el sensei de la vida frugal, no somos el tipo de familia de compra mensual en el supermercado. Compramos a medida que consumimos porque, afortunadamente, disponemos del tiempo para hacerlo.


Ocio compartido.


La mañana del domingo es un momento de ocio compartido, lectura, música o algún programa que nos resulte interesante a ambos. En este plan no suele acompañarnos Camilo, que prefiere jugar con mi celular y, como es domingo, sabe que va a obtener permiso.

No miramos televisión, en consecuencia, no tenemos cable. Tampoco Netflix. Te juro que es perfectamente posible vivir sin ambos. Sí tenemos un Chromecast que nos permite ver en la televisión aquello que seleccionamos en Youtube.


Almuerzo familiar.


El domingo es uno de los pocos días en el que podemos almorzar los tres juntos. En ocasiones, con mi familia, además. No voy a mentirte: pensar qué preparar para estar el menor tiempo posible atendiendo esa tarea, es un dolor de cabeza.

Generalmente, sucumbo a las preparaciones más fáciles y predecibles: alguna proteína al horno con acompañamiento. Punto. A veces, pizza. Si quedó del sábado a la noche. Tanto a no-marido como a Camilo les gusta la pasta, pero como yo no como, la evitamos. Salvo que almorcemos con mi madre, que mantiene la tradición dominguera sin excepciones.


Lectura reposada y siesta.


Después del almuerzo es momento de lectura en la cama. Porque se aproxima la siesta. No siempre duermo siesta. Si no hice ejercicio en la mañana, por alguna razón, elijo salir a caminar a las tres de la tarde, aproximadamente. Entonces, prefiero mantenerme despierta. Pero duermo, lo disfruto sin culpa. Tomando un té. Otro momento preferido...

En el momento en el que estoy escribiendo este artículo estoy leyendo un libro sobre Marketing en Instagram en el Kindle. Sí, leo en soporte digital sin problema. Sigo amando los libros y de ellos está habitada mi casa, pero, también reconozco el beneficio que supone el libro electrónico y lo utilizo.


Cuidado personal.


La maternidad fue un paréntesis de diez años respecto a mi cuidado personal en todos los planos del ser. Literalmente. Poco a poco, fui resolviendo temas pendientes. Comencé por el propósito, luego siguió la alimentación y el ejercicio. Ahora, estoy retomando algunos cuidados cosméticos básicos que disfrutaba antes de ser madre y habían perdido espacio en mi vida.

No tengo el atrevimiento de responsabilizar a la maternidad de este descuido. Otros fueron los temas de interés para mí en la última década. Sería injusto decir que fue cuidar a mi hijo lo que me impidió cuidarme a mí misma. Soy responsable de esa decisión y ahora, también lo soy de elegir productos que me ayudan a sentirme mejor.


Ordenar y limpiar.



Los domingos ejercito uno de los mandatos tradicionales adquiridos por herencia de la línea materna: tiro cosas. A veces "cosas" que voy a necesitar en otro momento. Pero, ¿qué más da? Ya pensaré qué hago cuando me hagan falta.

Los domingos se agudiza la necesidad de ordenar y limpiar. Nunca es la limpieza general propia de los sábados. Los domingos suelo ser muy específica: la heladera, el horno, las puertas, los cajones del escritorio, el bajo mesada de la cocina.

Tiene que ser una tarea que pueda concluirse en un par de horas. Me provoca satisfacción mantener el orden aunque el resultado no sea evidente a simple vista. Por alguna razón que desconozco, este ritual de domingo me prepara para comenzar la semana.


Planificar la semana.


Quizás la noción de "planificar" sea pretenciosa. Durante la noche del domingo, escribo en mi calendario las actividades de la semana. Aunque estén anotadas en la agenda, necesito tenerlas a la vista para organizarme mentalmente.

También pienso en los temas que quiero desarrollar durante la semana en mis redes sociales y en los posibles artículos para mi web, en el caso de que no los haya escrito en la mañana.

Mi prioridad es no acumular tareas diarias. Me conozco lo suficiente como para saber que más de tres tareas diarias me abruman y finalmente, voy a encontrar la forma de sabotear alguna de ellas. Por eso, la sabiduría que llega con los años, hizo que terminara por entender que aunque en mi agenda haya horas libres, no necesito llenarlas de nada. Porque una cosa es tener la disponibilidad cronológica y otra muy distinta, tener la disponibilidad espiritual.

Luego de años de reconocer que mi ritmo vital es lento, elegí elogiar la lentitud. Aún me genera conflictos en un mundo en el que tomarse su tiempo es un handicap. Y eso, tomando en cuenta que vivo en un país que no se caracteriza precisamente por ser una urbe furiosa y acelerada. En Uruguay nada es vertiginoso. Nada. Pero yo, menos. Y lo acepto sin reprochármelo.



¿Rutinaria yo?



Si existe un adjetivo que no habría elegido jamás para definirme es "rutinaria". Los cuarenta años precedentes han sido precisamente lo contrario: una búsqueda de huir de toda acción que se consagre como rutina.

Con la llegada al cuarto piso de la existencia, descubro que ciertos rituales serenan mi espíritu naturalmente desmesurado, en consecuencia, me ayudan a vivir mejor. Ciertas rutinas de salud y cuidado personal serenan mi estado de ánimo. Las disfruto. Esta emoción habría sido impensable en cualquier otro momento de mi biografía.

¿También te define el afán de evadir la rutina? Te sorprenderías al experimentar algunos rituales para vertebrar las veinticuatro horas de cada día. Cuando mis rutinas se desarman (por lo que fuese) no te diré que sufro pero, me alegro profundamente de recuperarlas. ¿Cuáles son tus rituales domingueros? Te escucho atentamente.