Paula Lesina, levantarse a las 5 am




¿Por qué un mortal en su sano juicio decidiría voluntariamente levantarse a las 5 am? ¿Por qué despegar el cuerpo de las sábanas antes de que salga el sol? Si estos cuestionamientos llegan a tu mente al pensar en despertarte temprano, un cambio de esta magnitud puede suponer un desafío. Pero de los que valen la pena. Dejame contarte.


Esta práctica en mi vida no está relacionada con el ya famoso Club de las 5 am. Cando descubrí el movimiento iniciado por Robin Sharma, practicaba el madrugón hacía años. ¿Por qué? Porque las primeras horas de la mañana fueron mis mejores horas para estudiar y siguen siendo mis mejores horas para escribir. Simplemente por eso. Definitivamente, soy una alondra.






Ser una alondra: levantarse a las 5 am sin sufrir.



Sí, soy una alondra. Mi cuerpo responde sin dolor a las rutinas matinales. Me levanto en este horario para disfrutar de un espacio de reflexión en el que la soledad de la madrugada potencia el enfoque, la concentración y la creatividad.

Si esta rutina significara prepararme para salir a trabajar a las seis de la mañana, posiblemente no disfrutara de la misma forma. Supongo que esto no será novedad para nadie. Madrugar es una cosa, aprender a disfrutar de las obligaciones es otra muy distinta. Un reto para otro momento de la vida.

Quisiera que tengas presente que no soy precisamente una persona con problemas de sueño. Puedo dormir casi en cualquier parte y en cualquier momento. Si me lo permito, tiendo a dormir muchas horas y salvo durante la infancia, siempre entendí las siestas como una bendición. 

Sin embargo, levantarme temprano no significa un sacrificio. Madrugar supone una convicción a la cual me aferro y por la cual salto de la cama aún en invierno. Se podría decir que es un triunfo de la mente sobre el cuerpo. Del propósito sobre la pereza. Lo es. Es un triunfo que nos permite dedicar tiempo a actividades que relegamos ante las responsabilidades cotidianas. 

Me fastidia profundamente dejar de escribir para preparar el almuerzo. Pero, dado que mi familia tiene el hábito ingrato de alimentarse -por lo menos un par de veces a la semana- necesito hacer compras y cocinar. ¿Lo disfruto? Poco. Es necesario. Tanto como otras actividades de mantenimiento que hacen habitable el hogar. Si no contara con mis madrugadas milagrosas, no dispondría de horas para perderme en el flujo de la escritura. Esta, sería una renuncia realmente dolorosa.



¿Por qué levantarse a las 5 am es beneficioso?



El sentido común me dice que nuestro cuerpo está preparado para aprovechar las horas de luz solar. En consecuencia, tiene lógica levantarse con el sol, vivir de acuerdo a los ritmos biológicos primarios y prepararse para dormir cuando anochece. El hábito de exponernos a la luz artificial habrá alterado nuestros hábitos pero la comprensión del fenómeno es más que clara.

Esto no quiere decir que la humanidad entera necesite practicar el madrugón con la dicha de un monje en trance. No estoy pidiendo tanto. Sí quisiera compartir cuáles son, desde mi perspectiva, los beneficios de contar con algunas horas de introspección durante la mañana, antes de que los reclamos del día lleguen con un: "Mamá, ¿dónde está la túnica?" y demás coros de la rutina.



Principales beneficios de levantarse a las 5 am:



No pretendo generalizar los beneficios de levantarse a las 5 am. Ahora, cuando escucho o leo a otras personas que tienen el mismo hábito, confirman lo que yo misma experimenté y por lo tanto, me tomo la libertad de contarte.


Creo que el mayor beneficio para quienes tenemos una familia es contar con dos horas extra de silencio para dedicarlas a cualquier actividad que nos genere felicidad o despierte nuestra creatividad. 


En mi caso, escribir y leer. Descubrí que la escritura es para mí una forma de meditación activa, así que podría decirse que mis mañanas tienen un espacio para la meditación. 

Otras formas de meditación aún son ajenas a mis posibilidades por el momento. Soy naturalmente inquieta. Si alguna vez estuviste presente en alguno de mis directos, habrás observado lo que me muevo en la silla mientras hablo. Yo misma me pongo nerviosa al verme. Este movimiento es difícil de controlar porque no es voluntario. Simplemente, me muevo. Muevo las piernas mientras escribo, el torso, los brazos. Gesticulo. Gesticulo mucho. La quietud y el vacío mental de la meditación son un reto para el porvenir. Por el momento, con la escritura puedo sentirme más que satisfecha.


Este es, además, un tiempo privilegiado de enfoque. Cuando logro ingresar en el fluir de las palabras, tranquilamente podría llegar al medio día sin notarlo. 


Mi rutina familiar no me lo permite y por esto mismo, tiene sentido cada timbre del despertador. Porque sé que puedo dedicar estas horas a lo que más me gusta hacer y encontrar sintonía con mi zona de genio.

Como la productividad no es una de mis preocupaciones, mencionarte que es posible hacer más cosas sería un contrasentido. Lo cierto es que no mido cuantitativamente lo que puedo hacer en estas horas extra. Mi búsqueda es el bienestar y como me concibo gestante, la productividad no encuentra lugar en la narrativa de mi vida. 

Tiene lógica pensar que el tiempo extra es tiempo ganado, pero si supone para vos un esfuerzo tal que va a mantenerte de malhumor hasta el almuerzo, ¿qué sentido tiene?



Los aspectos prácticos de levantarse a las 5 am.



Entendido: madrugar tiene beneficios. Ahora, ¿cómo se implementa este hábito? ¿Cómo conciliarlo con mi vida? La pregunta más frecuente que recibo es a qué hora me acuesto a dormir. En esto, mi rutina es peculiar.

Por mi trabajo, acostarme antes de la medianoche es excepcional. ¿Se encendieron todas tus alarmas?¡Dormir menos de 8 horas horas no es sano! Tranquila. Suele ser costumbre de quienes se levantan de madrugada, retirarse pronto a dormir. Este sería el ideal. Sin embargo, los ideales no me visitan como quisiera y mi posición es la de asumir la vida sin quejarme.

Elegí mi actividad laboral nocturna a conciencia. Por lo tanto, aunque quisiera acostarme temprano y leer antes de dormir, no me quejo. Como dispongo de las mañanas para mi negocio, puedo destinar algunas tardes a la siesta reparadora. Puedo permitirme ese lujo que en otro momento -en una vida pasada- fue un anhelo visceral.

Quizás no sea tu caso, pero luego de almorzar siento que mi cuerpo comienza a encariñarse con la idea de hibernar. A las 14:00hs apenas recuerdo a qué me dedico. Me cuesta coordinar ideas y por eso mismo, para mí es un gran momento para descansar.

Como cualquier otro hábito que quieras implementar para vivir mejor, tiene que balancear la búsqueda del bienestar como ideal con el respeto de tus necesidades. Y si es el caso, con el respeto de la convivencia. Lo menciono porque sé de lo que hablo. Mi reloj biológico necesita ayuda para iniciar el día y el sonido del despertador puede causar conflictos maritales de los que no sea han visto por otros temas. 



¿Quién no debería experimentar levantarse a las 5 am?



¿Levantarte a esta hora supone un sacrificio que altera toda tu fisiología? Está bien renunciar luego de una etapa de experimentación que te revela más problemas que beneficios. Que Robin Sharma afirme que es el hábito de los millonarios no creo que te ayude si tu cuerpo y tu espíritu se resienten. Como hay personas alondras, hay personas búho. Serás una de ellas. ¡Te quiero ver pretendiendo levantar un imperio de mal humor! Eso no se logra. Aunque te lo propongas.

Si además de lo anterior, sos una madre reciente, ¿qué más podría decirte? ¿En serio querés incluir este hábito ahora? En otra etapa más oportuna quizás puedas glorificar la experiencia. Mientras tanto, asumir que tus horarios dependen de las necesidades de otro ser es parte del pack completo de la maternidad. Tema para otro artículo.